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Si Señora, si
Daniela Ruiz, la autora, le dedica esta obra a su madre y a todas las mujeres que podrían ser su madre

Esta obra cuenta la vida de una mujer pobre, de provincia, campesina, marrón, con rasgos indígenas, que supo encontrar una sonrisa en el transitar de una vida sumida en la precariedad laboral y vivencial. La relación familiar que oportunamente vincula a las empleadas domesticas con sus empleadores es el pilar que sostiene la explotación laboral que existe incluso hoy en dia, llegando a rozar la esclavitud. La mayoría de las veces estas mujeres se ven despojadas de sus sueños y ambiciones personales para solamente servir al patrón.

Esta delgada línea es la que se revela en esta obra, en la que a través de un relato en primera persona, la protagonista nos guía a través de su historia contándonos el infierno que vivió desde que su madre la saco del cerro en el que descalza, corría libremente y la llevo a la casa de la «Señora» que trás la promesa de cuidarla como a una hija, le hizo conocer este mundo que la despojo de su propia historia y la hizo vivir quizás una historia que se ve repetidamente en la vida de muchas empleadas domesticas, con diferencias y similitudes pero que siempre coinciden en lo mismo: el uso de la relación familiar para justificar el trabajo precarizado y de explotación laboral en el que lo que paga el empleador vale el triple de lo que la empleada pueda llegar a hacer para ganarse ese jornal muchas veces mísero y en el peor de los casos inexistente, en el que prácticamente se trabaja en los quehaceres de la casa solo por un techo y un plato de comida. En este círculo quedan atrapadas estas mujeres en donde el destino y la justicia juega a favor de los patrones.

Daniela Ruiz, la autora, le dedica esta obra a su madre y a todas las mujeres que podrían ser su madre, mujeres fuertes que supieron soportar el dolor y la explotación por darle a sus hijes un futuro mejor, el futuro que ellas no tuvieron.